OPINIÓN: La cara oculta de los gemelos digitales

Hace cosa de cuatro años oí hablar por primera vez de los gemelos digitales, como una de las 10 tendencias tecnológicas destacadas de Gartner para 2017.

Una tecnología muy disruptiva que iba a revolucionar la industria e incluso los propios procesos de las compañías, ya que permite trabajar sobre una copia virtual, antes de operar sobre un objeto real.

Me puse a refrescar la memoria y recordé a Nat King Cole cantando con su hija desde el más allá, y a tantos otros ‘resucitados’, desde María Callas a Billy Holliday o el rapero Tupac vivitos y coleando merced a la tecnología. Entonces comprendí que estamos condenados a vivir con todo tipo de gemelos virtuales.

La gente de mi edad sabrá lo que digo, ahora que nos estamos quedando huérfanos de los grupos rockeros. Hemos perdido a Rosendo, Burning, y a punto de caer, por extenuación o por jubilación, Barón Rojo y otras tantas bandas como Extremoduro, AC/DC. Scorpions… que se hallan resistiendo en su senda de elefantes particular y haciendo tournés de despedida sin decir adiós.

Y qué sucede, para poder disfrutarlos solo te queda recurrir a Youtube de la nostalgia o acudir a conciertos espurios de esos grupos cover que emulan a los grupos como los Pink Tones (trasunto hispano de Pink Floyd) o la leñera (fotocopia muy lograda de Leño) y que te acercan la experiencia real lo más posible. Aunque en tu fuero interno sabes que te estás engañando, ese día te dejas llevar por la pasión del sábado noche y subes a los cielos.

La inteligencia artificial avanza en esta línea a pasos agigantados. Ya es posible grabar todas las tonalidades de un cantante fallecido para recomponer canciones nuevas y hacer que las cante como si estuviera vivo. Esta experiencia es ya habitual en Japón donde glorias virtuales ofrecen conciertos en los que sus fans llegan al paroxismo. Por ejemplo, la seudocantante Hatsune Miku es un dibujo manga de largas coletas cuya voz basada en Saki Fujita causa furor en sus conciertos y está previsto que toque en España. La película ‘El irlandés’ da carta de naturaleza a un cine plagado de gemelos digitales avejentados. No sé si me convence este futuro, donde lo real se convierte en el segundo plano de un mundo vistoso y embaucador, pero burdamente artificial.

Fuente: computing.es

 

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