Encadenados al valor de la Industria 4.0

Una cuarta revolución industrial aflora con la promesa de depurar las deficiencias de sus predecesoras. La nueva bandera es la ‘producción personalizada’ que respeta el medioambiente. La transformación digital es el asidero a este nuevo escenario en el que España no puede quedar rezagada, haciendo valer sus modernas infraestructuras de banda ancha y su capacidad de innovación.

Las tecnologías de vanguardia abren un caudal inagotable de propuestas innovadoras basadas en el manejo inteligente de ingentes volúmenes de datos. Factores como la sostenibilidad del planeta, la integración de los colectivos desfavorecidos y la necesidad de ser eficientes exigen un replanteamiento global. Industria 4.0 es la solución a los viejos problemas de esclerosis productiva, pero pone sobre la mesa cuestiones candentes de carácter social y de supervivencia individual. La Industria 4.0 también se erige en el caballero blanco de eficiencia económica y de innovación productiva que termine con las lacras del pasado reciente.

Un dato oficial que inquieta sobremanera es el sucesivo desgaste que la industria española viene operando en los últimos treinta años (agudizado con la gran recesión y la deslocalización) cuando su impacto en el PIB era del 34%, hasta el 13% actual, con la desaparición de más de 50.000 empresas industriales y una reducción notable del tejido empresarial.

En este punto, Eduardo Rodríguez, vicepresidente y tesorero del Observatorio de la Industria 4.0, señala que “el objetivo es que la industria alcance el 20% del PIB, recuperándose de esos años de caída, para situarnos en unos niveles más cercanos a los de los países de nuestro entorno”. La CEOE espera que, en los próximos 20 años, Internet industrial aporte a la economía 15 nuevos billones de euros, lo que representa una mejora del 20% del PIB/cápita o el tamaño aproximado de la economía americana hoy en día. Rodríguez incide en la necesidad de “concienciar a la sociedad de que la industria es clave para el desarrollo económico y social de nuestro país, haciéndola más atractiva desde el punto de vista laboral y comunitario, de modo que se la identifique como un sector integrado en el entorno medioambiental y con oportunidades de futuro”.

El objetivo es que la industria alcance el 20% del PIB, recuperándose de esos años de caída”

El nuevo ejecutivo debería “reducir papeleos y procedimientos administrativos y crear un caldo de cultivo donde las empresas españolas puedan crecer y evolucionar a un ritmo superior a sus competidores”, según apunta Álvaro Sánchez Miralles, coordinador del Área de Sistemas Inteligen tes, en el IIT de la Universidad Pontificia de Comillas. Asunto perentorio, a riesgo de que “las empresas extranjeras nos coman el mercado e impongan su modelo industrial”, advierte.

Fuente: computing.es

 

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