Deslocalización, la oportunidad que llega tras el coronavirus

Tanto grandes multinacionales como pequeños comercios han tenido que adaptar en mayor en menor medida sus modelos de negocio a la pandemia de Covid-19.

El coronavirus ha hecho que muchas empresas tengan que ingeniárselas para encontrar fórmulas que les permitan mantener a flote sus negocios. Tanto grandes multinacionales como pequeños comercios han tenido que adaptar en mayor en menor medida sus modelos de negocio y sus estrategias de venta durante los periodos de confinamiento y desescalada para evitar la quiebra de sus negocios. Mecanismos de venta y distribución como el comercio online o el servicio a domicilio experimentaron durante esos tiempos progresos hasta ahora desconocidos. Además, innumerables compañías continuaron sus actividades a distancia a través de la red, abriendo posibilidades de trabajo remoto para sus trabajadores y llevando gran parte de las actividades diarias al plano digital.

En paralelo, compañías de servicios de VPN, de seguridad, de servicios en la nube o consultorías tecnológicas han visto incrementada su demanda debido a esta necesidad de adaptación.

Esta velocísima transición al trabajo remoto y al comercio en línea (que, aun tratándose de tendencias que poco a poco iban asentándose en el mundo del comercio y las relaciones laborales, seguían teniendo un papel más o menos secundario en las empresas hasta la llegada de la pandemia), abre las puertas a nuevas oportunidades tanto para las propias empresas, como para consumidores y trabajadores. En el caso de estos últimos, las posibilidades que brinda el trabajo remoto traen consigo muchas ventajas, siendo la mayor flexibilidad que proporciona esta forma de trabajar la más destacable.

Muchas personas alrededor del mundo, de hecho, están aprovechando esta oportunidad para cambiar de vida y desplazarse a nuevos lugares de residencia”

Muchas personas alrededor del mundo, de hecho, están aprovechando esta oportunidad para cambiar de vida y desplazarse a nuevos lugares de residencia. Animados por los encantos de las zonas rurales y las localidades pequeñas, o impulsados por los programas de incentivos que determinadas regiones están planteando, mucha gente está tomando la decisión de salir de los entornos urbanos y las grandes urbes y asentarse en pueblos o municipios pequeños. Algunas localidades estadounidenses, por ejemplo, están ofreciendo cantidades que oscilan entre los 1,000 y los 15,000 dólares a trabajadores remotos de salarios elevados para que se conviertan en nuevos vecinos de sus municipios.

Y no son los únicos incentivados para trasladarse a lugares menos poblados. Muchas empresas también empiezan a vislumbrar los beneficios de trasladar sus centros de trabajo a zonas rurales para obtener ventajas competitivas estratégicas (especialmente aquellas relacionadas con los costes —mano de obra, transporte, infraestructura, pero también fiscalidad, energía, seguros, vigilancia, y un largo etcétera. —), y con ello mejorar su capacidad competitiva en el mercado y obtener un margen de beneficios mayor.

La situación planteada por la pandemia de Covid19 abre una ventana de posibilidades insólita en este sentido. Haber cambiado el modelo a sistemas digitales y haberse adaptado al trabajo a distancia durante estos últimos meses ha puesto de manifiesto para muchas empresas lo superfluo de contar con grandes oficinas. El hecho de que muchos de sus trabajadores puedan realizar sus tareas desde casa y que gran parte de las reuniones se puedan conducir de manera digital ha provocado que estos lugares de trabajo se conviertan en mucho menos importantes. Si antes era necesario, pongamos el caso, un edificio de 2 plantas que alojara a una plantilla de 200 trabajadores, ahora, para muchas entidades, prácticamente con un cuarto de esa infraestructura se podrían cubrir las necesidades del comercio (con lo que esto supone a nivel de reducción gasto para las empresas).

Las compañías, por supuesto no son las únicas beneficiadas en estas mudanzas o nuevas aperturas. No es ni mucho menos la primera vez que autoridades gubernamentales de localidades rurales ofrecen tasas o incentivos de traslado para animar a las empresas a moverse a sus pueblos. Con ello pretenden aumentar el tejido empresarial de la región, movilizar los recursos de la zona, crear empleo, aumentar la recaudación, y, en definitiva, revitalizar la actividad económica de los municipios. La diferencia es que ahora caben menos dudas de que el traslado es posible y que plantea ventajas para todas las partes.

Ante las circunstancias actuales, habida cuenta de la posibilidad de nuevos rebrotes, de aislamiento en las ciudades provocado por nuevos estados de emergencia o por nuevas cuarentenas, y contando con la experiencia digital y los cambios de dinámica producidos recientemente, la deslocalización empresarial se presenta como una alternativa muy atractiva (y, por fin, viable) tanto para las empresas, como para los municipios que reciban los traslados, como para trabajadores de la compañía, que podrán seguir dinámicas de trabajo a distancia más flexibles y adaptadas a las necesidades personales de cada empleado.

Parece que los tiempos de la deslocalización y el trabajo remoto han llegado, veremos si han venido para quedarse.

Fuente: computing.es

 

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