2018, el año clave para la revolución digital en banca.

Estamos ante la llamada inteligencia de cliente.

El sector bancario no ha sido inmune a la transformación digital. Además de tener que amoldarse a las exigencias de sus clientes, ha tenido que agilizar procesos y buscar nuevos modelos de negocio para seguir operando con rentabilidad después de que, en los últimos años, sus márgenes de operación se vieran significativamente reducidos. La banca está inmersa, por tanto, en una revolución digital en la que tan importante es mejorar su eficiencia operativa como generar nuevos ingresos y mantener la confianza de los clientes. Un reto complicado, pero no imposible de alcanzar. ¿Cómo? Con tecnología y estrategia.

El mayor cambio disruptivo al que se enfrenta la banca en la actualidad parece sacado de una de las sagas de Star Wars: PSD2. Pero poco tiene de ciencia ficción. La banca española tendrá que estar completamente adaptada a esta nueva directiva europea de servicios de pago en mayo de 2019. Eso significa no solo abrir sus cuentas a las fintech, sino regular el modo en que cumplirán con la obligación de exponer los datos de sus clientes (previa autorización de estos) a terceros.

 Lógicamente, el ecosistema financiero español va a cambiar exponencialmente en los próximos meses. Pero esta situación debería entenderse como una oportunidad más que como un riesgo. Porque, aunque habrá que garantizar al máximo los protocolos de seguridad para que el acceso a los datos se haga siempre de forma segura, no es menos cierto que del modelo PSD2 saldrán muchos y novedosos modelos de negocio. Entonces, ¿por qué no tomar la iniciativa?

La nueva directiva europea PSD2 debería entenderse como una oportunidad más que como un riesgo”

Monetizar los datos de los clientes es posible. Solo hay que adoptar la estrategia adecuada y entender que, en lugar de limitarse a aplicar la directiva europea, las entidades financieras pueden crear nuevas oportunidades de negocio en torno a su implantación, ganar cuota de mercado y generar nuevos ‘revenues’ para sus propias compañías. Conseguirlo o no dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomen las entidades financieras a lo largo de este año 2018, por lo que será vital no equivocarse en este nuevo camino y, cómo no, seguir trabajando duro en la transformación digital de la banca. Pese a que la tecnología está permitiendo por la vía de la automatización y robotización reducir el tiempo y los costes de las operaciones, es importante ir más allá para asegurar la rentabilidad. Es necesario incorporar dentro de toda esta reingeniería de procesos un conocimiento del mercado que permita a las entidades ser innovadoras y, sobre todo, útiles.

¿Cómo? Hasta hace poco, la información que la banca tenía de sus clientes era puramente relacional, poco más que una ficha con datos personales e información sobre los productos que se le habían comunicado. Hoy día, sin embargo, gracias a que la mayoría de los clientes son digitales, podemos capturar en tiempo real datos muy valiosos de su forma de navegar y operar por Internet. De lo que se trata, pues, es de unir en una única herramienta la información relacional y la transaccional y darle el valor que merecen. Estamos ante la llamada inteligencia de cliente, donde todas las partes ganan. Las entidades porque obtienen una imagen completa y fidedigna de sus clientes y esto les permite ofrecer los productos que mejor se amoldan a sus perfiles, y los clientes porque ven que su banco se preocupa por comunicarles, por la vía más adecuada y en función del rol que ocupan en su red familiar, cuáles son los productos más beneficiosos para su bolsillo.

Fuente: computing.es

 

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