El gran insecto robótico

Una libélula biónica de 63 centímetros logra un récord mundial.

La naturaleza ha inspirado grandes hitos tecnológicos a lo largo de la historia. Muchos de los avances han venido prestados de la biología de los seres vivos y de su relación con su hábitat. Inspirado en el majestuoso vuelo de una libélula, la empresa de automatización alemana Festo ha desarrollado el insecto robótico más grande del mundo. Una condición que le ha servido para entrar en el libro Guinness de los Récords en su edición de este año.

Su nombre, BionicOpter. Pero su aspecto no es lo único que llama la atención. Tiene una envergadura de unos 63 centímetros, algo más pequeño que un gato común, y una dimensión total de 44 centímetros, que al final se traduce en unos 175 gramos de peso; más o menos lo mismo que el teléfono móvil con el que se controla en remoto como si se tratase de un dron.

Después de descifrar la física y comportamiento de las aves en la creación de un ave biónica en 2011, los desarrolladores la compañía asumieron su próximo gran desafío: modelar el cuerpo de una libélula a nivel técnico. El resultado es asombroso. Dado su diseño, consistente en unas alas fabricadas en fibra de carbono, este insecto robótico es capaz de maniobrar y volar en múltiples direcciones gracias a su flexible sistema de vuelo que le permite incluso evaluar las mejores condiciones para mantenerse estable. Como si fuera la libélula en la que ha replicado artificialmente su cuerpo, el dispositivo, dotado de algoritmos de Inteligencia Artificial, puede dominar todas las condiciones de vuelo, incluso planeando a una gran velocidad.

Impulsado por las nuevas tecnologías y la miniaturización de la informática, en los últimos años se han alumbrado interesantes proyectos que han pretendido trasladar los fenómenos biológicos de los seres vivos al mundo de la robótica. Bajo esa premisa han surgido desde cucarachas robóticas como VelociRoach, diseñadas para servicios de emergencias, a moscas con control remoto (RoboBee) preparadas para detectar supervivientes en una catástrofe. Todo un desafío que ha llevado, incluso, a pensar en abejas biónicas para polinizar los campos en un futuro.

Fuente: abc.es

 

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